viernes, 14 de diciembre de 2012

Un viaje inesperado

Hoy es el día:


Far over the misty mountains cold
To dungeons deep and caverns old
We must away ere break of day
To seek the pale enchanted gold.
The dwarves of yore made mighty spells,
While hammers fell like ringing bells
In places deep, where dark things sleep,
In hollow halls beneath the fells.
For ancient king and elvish lord
There many a gloaming golden hoard
They shaped and wrought, and light they caught
To hide in gems on hilt of sword.
On silver necklaces they strung
The flowering stars, on crowns they hung
The dragon-fire, in twisted wire
They meshed the light of moon and sun.
Far over the misty mountains cold
To dungeons deep and caverns old
We must away, ere break of day,
To claim our long-forgotten gold.
Goblets they carved there for themselves
And harps of gold; where no man delves
There lay they long, and many a song
Was sung unheard by men or elves.
The pines were roaring on the height,
The winds were moaning in the night.
The fire was red, it flaming spread;
The trees like torches biased with light,
The bells were ringing in the dale
And men looked up with faces pale;
The dragon's ire more fierce than fire
Laid low their towers and houses frail.
The mountain smoked beneath the moon;
The dwarves, they heard the tramp of doom.
They fled their hall to dying -fall
Beneath his feet, beneath the moon.
Far over the misty mountains grim.
To dungeons deep and caverns dim
We must away, ere break of day,
To win our harps and gold from him!


martes, 4 de diciembre de 2012

El Puente de Alcántara


Hace ya muchos años que leí este libro, tres personajes: un médico judío sevillano, un hidalgo cristiano castellano y un poeta musulmán andalusí en el perfecto y desconocido mosaico que fue la Península Ibérica en el siglo XI: las taifas de Sevilla, Badajoz, Mérida, Toledo, Zaragoza y Granada; el rey Alfonso VI y el reino de León, el Condado de Castilla, la nobleza aragonesa levantisca y el reino de Navarra. Poner de manifiesto que los reinos del norte empequeñecían ante la grandeza de las ciudades del sur pero que se engrandecieron y alimentaron su cultura a través de ellas. Reyes cristianos se aliaban con los gobernantes musulmanes, los judíos formaban vivían en esa Sefarad e hicieron de la península su casa. Lejos quedaban las conquistas de los musulmanes y eran habitantes de pleno derecho de los terrenos que muchos siglos atrás habían sido el Imperio Romano (la dominación visigoda no cuenta, esos no sabían lo que era gobernar Hispania).


Un clima de caos y conflictos pero también de libertad pues es en los momentos en los que nadie ostenta un poder supremo cuando otras fuerzas cobran más importancia y crece una fuerte cooperación entre distintas culturas que se enriquecen mutuamente. Fueron las primeras cruzadas, normandos y franceses junto a otros reinos cristianos y el desmantelamiento de la riqueza cultural del mundo de Al-Ándalus a manos del Imperio Almorávide, que puso en jaque a estos estados cristianos y los unificó contra el "enemigo común" y fue entonces cuando todo esto se perdió. La dicotomización y la rivalidad abrió un muro norte-sur que aún persiste hasta nuestros días.

Si hay un libro que hizo que me enamorara de la historia, sin duda fue este. Abrió una puerta que será difícil de cerrar.

* * *

-Eso es lo que tú dices, Muhammad -contestó Ibn Ammar-. Tu hijo comparte mis puntos de vista; eso es lo que lo ha puesto de mi parte. Es demasiado inteligente para dejarse influenciar.

-¡Has intentado engatusarlo con tus malditos versos! -gritó el príncipe, con creciente furia.

-Un pequeño poema, Muhammad, sólo dos o tres versos -replicó Ibn Ammar, pero el príncipe lo interrumpió de un grito.

-¿De dónde sacaste las cosas para escribir? ¿Quién te dio el papel? ¿Quién?

-¿Qué importa eso, Muhammad? -respondió Ibn Ammar.

-¡Quiero saberlo! -gritó el príncipe-. ¡Quiero saberlo! -La voz le salía chillona de rabia, e Ibn Ammar comprendió de repente que aquella rabia ya no era fingida. Ya no era una pose, no era un papel estudiado. Era la misma furia que Ibn Ammar le había visto una vez, cuando eran jóvenes, en Silves, y al-Mutamid llamó al verdugo. El hijo del príncipe, con su rostro campechano, ardiendo en celos porque la bailarina a la que amaba con delirio, aunque estaba sin duda a su disposición, a sus espaldas se entregaba a su amigo, más afortunado. La envidia del príncipe, pequeño y regordete, hacia el alto y joven poeta que tenía a su lado, que siempre atraía todas las miradas, escribía los mejores versos y sabía hallar la respuesta más ingeniosa.

¿Había estado alguna vez su amistad, incluso en las épocas más felices, libre de esas tensiones, producto de la diferencia social y ahondadas aún más por el abismo que existía entre el talento del uno y del otro, y por sus evidentes diferencias físicas? Desde el principio, habían sido demasiado distintos para ser amigos. El príncipe, que quería ser todo lo que encarnaba Ibn Ammar y lo tomó por amigo para así, como mínimo, poder estar cerca de su sueño, y el insignificante poeta que ansiaba el poder y sólo podía participar en él a través de ese amigo. ¿No había sido obvio que esa amistad tenía que fracasar? ¿No había sido evidente que el uno, que sólo podía construir sobre su poder ilimitado, volvería algún día ese poder contra el otro?
Ibn Ammar escuchaba los gritos del príncipe. Su voz rebotaba con tal intensidad en la bóveda que Ibn Ammar apenas entendía sus palabras.

-¡Dime quién escribió esos malditos versos! ¡Dime si lo hiciste tú! ¡Dímelo!

¿No eran esas las mismas preguntas que le había hecho hacía ya dos años, inmediatamente después de su llegada a Sevilla? Las mismas absurdas preguntas sobre el autor de aquel denigrante poema que había terminado definitivamente con su amistad. ¡Qué delgada debía de ser la coraza del honor del príncipe, si bastaban unos pocos versos calumniantes para afectarlo! ¡Qué débil era al-Mutamid, qué inseguro de si mismo, qué insignificante, bajo esa conducta ampulosa!

-¡Dime si tu escribiste esos versos! -gritó el príncipe-. ¡Quiero saberlo! ¡Dímelo! ¡Quiero saber la verdad!
-Ya es demasiado tarde, Muhammad -respondió Ibn Ammar en voz baja-. Aunque te dijera la verdad, no me creerías.
- ¡Dímelo! -gritó el príncipe- ¡Dime la verdad!
Iba Ammar lo miró sonriendo.
-Es lo que tú supones, Muhammad -dijo.

Vio que el príncipe se estremecía y se ponía rojo, como si una vena le hubiera estallado en la cabeza. Vio que estiraba el brazo y buscaba a tientas el hacha. Todavía no sentía miedo.

Entre el remolino de imágenes y jirones de recuerdos que le vinieron a la mente se encontraba también aquella inquietante historia que una vez le contara su padre sobre Abd-ar-Rahmán an-Nasir, el gran califa de Córdoba, quien en su lecho de muerte, tras vivir setenta años, cincuenta de ellos gobernando Andalucía en la guerra y en la paz, cogió su diario y contó los días de completa felicidad de que había gozado en toda su vida. El califa había llegado a contar catorce.

Iba Ammar pensó en los días de completa felicidad de que había gozado él. ¿Cuántos habían sido? ¿Bastantes para una vida de cincuenta y cinco años? ¡Cuántas cimas, cuántos abismos! Suficiente de ambas cosas, que, además, eran inseparables. ¡Una gran vida! Nunca había necesitado depositar sus esperanzas en el paraíso. Nunca se había dejado llevar por el miedo al infierno. Había vivido. Ahora veía la muerte ante sus ojos. ¡Qué muerte tan tonta!

No hizo el menor intento de esquivar el hacha. No tenía miedo. Ni rastro de miedo.

- El Puente de Alcántara, Frank Baer

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Potenciales de acción: pensamiento, latido y peristaltismo intestinal - Participación universitaria

Por deformación académica titulo este artículo, de carácter muy personal, que trata sobre algo de lo que se ha hablado en multitud de ocasiones. Pero me apetecía hablar de ello dándole el enfoque de mi -escasa- experiencia y contando un poco lo que estos casi seis años de universidad han supuesto para mí en este aspecto que paso ahora a desarrollar: la participación de los universitarios.


@Josancio mencionó hace un par de años una frase que quedó grabada en mi mente quizás para siempre y es su tristeza ante el decaimiento y final abandono del Aula de Cultura de la Facultad de Medicina, cuyo miembro final fui yo, producto de una ineficiente renovación de los miembros que paulatinamente fueron abdicando en pos de otros objetivos personales (estudios, MIR, representación estudiantil, etc.). El objetivo de un Aula de Cultura, según él, es proporcionar corazón a la Facultad de Medicina, que no se convirtiera simplemente en un sitio donde los estudiantes iban a estudiar, tomar apuntes y marcharse a su casa. Durante mis tres años en activo pude organizar partidas de rol, organizar inmunerables ciclos de cine, excursiones, clases de dibujo, sesiones de fotografía, jornadas lúdicas, conciertos "Fonendorock", viajes y un largo sinfín de actividades de las que me siento orgulloso y que ante mi marcha a "er Varme" (fuera del centro neurálgico universitario de la facultad de medicina que es el Macarena) y la ausencia de más miembros cayeron en un paulatino olvido. Existen otras organizaciones como AJIEMS (Asociación Juvenil Internacional de Estudiantes de Medicina de Sevilla) y la labor de la DAFMUS (Delegación de Alumnos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla) que han sabido suplir de esta ausencia de latido a su manera, hipertrofiando lo que denominó como cerebro y yo denomino "pensamiento" en este artículo. Dejó de lado el apartado lúdico que caracteriza a las aulas de cultura, centrándose en aspectos no menos importantes (yo diría que más incluso) como son diversas actividades formativas o la representación estudiantil. Pero las actividades de ocio que normalmente se organizaban en el aula dan una cohesión y vitalidad a una facultad ya bastante muerta per sé y que no se concibe como un lugar de intercambio de ideas, cooperación, solidaridad y participación que supone la universidad. Echo de menos un sitio donde personas con diferentes intereses se coordinen para llevar a cabo proyectos que saquen de la aburrida rutina estudiantil para crear un ente que a veces se me antoja misterioso como es una actividad organizada por alumnos.


Puede parecer trivial, pero la ausencia de este tipo de actividades guarda relación con la actitud de alumnos y profesores donde su formación pasa simplemente por dar/recoger la lección de turno sobre fisiopatología de la insuficiencia cardíaca y "a otra cosa, mariposa". Que conste que digo recoger porque las clases son un continuo ejemplo de monjes copistas que se dedican a recoger con todo lujo de detalles lo que los dictados de la "fuente incuestionable de conocimientos" que es el eventual profesor. Esta dinámica es pésima, los alumnos lo saben, hay que acercarse a una clase a partir de 3º de carrera para ver la ausencia paulatina de alumnos en las tediosas clases, más aún en esta época de las ciencias de la información, donde la información está accesible para aquellos dispuestos a usarla. Ese modelo basado únicamente en la figura de autoridad para la transmisión del conocimiento podría valer para el medievo, ahora ya no.


He oído a muchos profesores decir que se está perdiendo el talento, la motivación, las ganas de aprender; que la gente no participa, que la universidad es un sitio frío lleno de alumnos ahogados entre montañas de apuntes y profesores subidos a un pedestal, sordos a las pocas voces -apagadas- de algunos estudiantes que intentan revelarse pero acaban siendo consumidos por esa titánica e inexorable rutina. Una manera perfecta de apagar la participación en las aulas y perder así la posibilidad enriquecedora que supone entablar este tipo de relación.



Los mejores y digo MEJORES (en mayúscula, negrita y subrayado) momentos que he vivido en esta facultad, los que más me han ayudado a crecer como persona y los que más me han enseñado ha sido aquellos en los que yo mismo me he visto involucrado, desde proyectos tan "grandes" como fueron las jornadas culturales, pasando por otros de carácter más personal como lo han sido las obras de TroTeaTro hasta nimieces como irse de excursión con compañeros a los que no conocía, sin dejar de lado las exposiciones y trabajos de clase (porque nunca olvidaré la prevención de la brucelosis o los tics infantiles) así como el paciente con fibrilación auricular al que el residente me dejó hacerle la historia o las semanas organizando prácticas o clases perdidas como delegado, en los que hay que poner de acuerdo a alumnos y profesores y que me han enseñado mucho de las personas y de mí mismo.


El nerviosismo los minutos antes de empezar una obra de teatro de la que eres actor, el terror que producen los fallos técnicos de ese cable mal colocado para que se escuche el audio de la película, e incluso la crisis de ansiedad el día antes de un examen son sentimientos que se viven negatividad en ese momento, pero más tarde sufren una especie de transformación hacia la satisfacción. Lástima que muchos se queden en este último.

Este periodo universitario se acaba (quedan algunas cosas pero se acaba para mí) y yo siento algo que comentó @jrlr en su discurso de bienvenida a los de 1º este año, que "la universidad ha pasado por mí y no simplemente he pasado por la universidad". Siento que esta manera de ver las cosas es la que me ha hecho ser quien soy y, sobre todo, lo que hago. Soy una persona normal y corriente pero he conseguido hacer cosas cuyos resultados me han sorprendido y más de uno se sorprendería de lo que es capaz de hacer  si se lo plantea, de lo que puede cambiar su alrededor si está dispuesto a ello. Cada día lo veo, por ejemplo, en los apuntes que hacen mis compañeros del banco de apuntes: bien estructurados, con un contenido basado en las fuentes bibliográficas y redactados de forma que muchos libros didácticos palidecerían, es asombroso lo que podría hacerse si el sistema fuera de otra manera.


Da pena pensar que la universidad se convierta en esto, en diapositivas leídas y copiadas, sin un diálogo de mentes, convirtiendo el saber académico en poco más que el producto de un peristaltismo intestinal lento y pesado.

Esto es, aunque sea casi al final de esta etapa, mi reivindicación personal a que participéis. Podréis cometer fallos -aprenderéis de ellos-, podréis tener grandes victorias -las disfrutaréis-, pero siempre os llevaréis ese recuerdo imborrable de haber tomado parte en algo, aunque sea de forma de forma minúscula, y eso, no se paga ni con las tasas de matrícula más altas que os podáis imaginar. Concluyo con una frase atribuida a ese chinojaponés que inventó la confusión.

Dime algo, y lo olvidaré.
Enséñame algo, y lo recordaré.
Hazme partícipe de algo, y lo aprenderé.

sábado, 24 de noviembre de 2012

#MIR: Semanas 4-6 - "Nadie dijo que fuera fácil"

Nadie dijo que esto fuera fácil.

Me está sorprendiendo el intenso ritmo de estas semanas y siento que en sexto, sin ser un curso muy complejo, estamos en las fechas de mayor cantidad de trabajo. Dentro de poco empezarán a acabarse algunas asignaturas, iremos concluyendo los temarios y aligerando el trabajo. Las cosas se acaban poco a poco y comienza esa sensación de que poco a poco estás terminando esos créditos que te quedan por completar: últimas prácticas en algunos servicios (Cirugía), temarios que ya no volverán a ser impartidos (en su lugar pasarás a estudiarlo tú personalmente) y profesores que no volverán a darte otra clase y se despiden hasta "que seas compañero".

Sobre la academia, la sesión de hoy con Infecciosas ha sido de empacho, debo tomármela con tranquilidad, sin prisa pero tampoco sin pausa, que el trabajo que haga ahora puede tener repercusión en posteriores vueltas... pero primero toca acabar el curso.



Urología, Traumatología, Infecciosas y 2º Simulacro... vamos tomando carrerilla...

Último mar

Siempre asociaré esta canción a esos atardeceres en Essaouira.

Mar sin nombre y sin orillas,
mar inmenso, infinito y viejo.

Como el espacio a los tiempos
daba máquina a sus olas
padre ciego de la vida y la suerte.

Y durmiendo en cunas y tumbas
yo estaba y la soledad
como un pájaro errante
repitiendo su quejido
desperté y sobre la espuma volé.


martes, 13 de noviembre de 2012

The Impossible Project

Me he comprado una cámara Polaroid. Una Supercolor 1000, del tipo SX 70.

Sí, lo admito, ha sido un capricho.

Pero menuda pasada.


Siempre he sentido atracción por estas cámaras, desde que a mi prima en su comunión le regalaron una rosa chillona con el logotipo de Barbie al dorso. En una época en la que la fotografía digital todavía no era muy accesible e ibas a las tiendas a revelar las fotos que habías hecho con esa camarita de cartón desechable marca Kodak, esperando que no fueran terribles o que al menos no hubieras puesto un dedo delante del objetivo en la mitad de las fotos.

Llegó la fotografía digital, podías ver tus fotos al instante y desecharlas si no habían salido bien, editarlas en el ordenador y almacenarlas "ad infinitum", sin que ello suponga una pérdida de la calidad de las mismas. Sin embargo, el gusanillo seguía ahí, veía una Polaroid en un escaparate y pensaba "Esta puede ser mía", pero no iba a más la cosa. Ciertamente se trataba de un simple capricho infantil.



El pasado viernes, paseando por el centro, entré en Santana, la tienda de fotografía de la plaza del pan. Me asomé al escaparate soñando tener algún día un teleobjetivo o un gran angular como los de la vitrina de cristal y mi mirada se posó sobre las polaroids, despertó.

Al llegar a casa busqué y busqué por Internet, tal vez alguien las vendía de segunda mano... pero no ví nada interesante alguien pudiera ofrecerme y que viviera por aquí cerca (para poder examinar el producto), pero no eran demasiado caras. Pasé a las páginas un poco más "oficiales" y encontré The Impossible Project, una web donde intentaban revivir el concepto Polaroid y habían creado una película de calidad para la cámara y se dedicaban a la reparación de estas cámaras (algunas bastante antiguas), resulta que tenían un distribuidor en Barcelona y tenían tienda online... Uy, uy, uy, me estaba acercando.


Y efectivamente, encontré una cámara a un precio que me podía permitir (aunque cara, a mi modo de ver) y no lo dudé ni un segundo (mentira, lo dudé un rato... esperando que desaparecieran las ganas, pero al final caí) y mía era. Una cámara del año 77, con un diseño sencillo pero bonito. La película (lo más caro, sin duda) la venden en una tienda de Sevilla (Martín Iglesias), por lo que tenía ambos elementos para empezar a hacer fotos.

A ver qué tal la pijada esta... :-)

domingo, 4 de noviembre de 2012

#MIR: semanas 1-3

Aún se hace raro que esté empezando a pasear bajo la sombra del examen MIR, años de carrera donde he procurado contaminarme de esa idea lo menos posible, aunque inevitablemente siempre ha estado presente. Veo a los compañeros que lo están estudiando, a los que lo han pasado y a los que pasarán el año que viene; y resulta algo muy natural, un paso evidente que tomar y por el que pasar.

Sin embargo, sigo yendo a clases y esas prácticas (me refiero a esas de Preventiva II que empezaré la semana que viene), aún el estudio de los manuales resulta algo anecdótico y no me he acostumbrado a que los sábados de academia serán sagrados y maratonianos... y que todavía no hemos llegado a los días frente a los libros, con un temario infinito por cubrir.

Hemos dado tan sólo los primeros pasos; todavía me faltan sesiones de claustro, reuniones en la delegación, juntas de facultad, plenos del CADUS y sesiones de TroTeaTro. No, me niego a aceptar que esté a apenas 15 meses, todavía queda carrera por terminar y por disfrutar.


Fisiología, Psiquiatría y el primer simulacro... En fin, lo que nos queda...